7 de febrero de 2010

El papel del Ejército - Enrique Ibarra Pedroza

Una de las instituciones más enraizadas y aceptadas en el ánimo del pueblo de México es la del Ejército nacional. Surgido de las entrañas del propio pueblo, en contra de la dictadura de Porfirio Díaz y del presidente espurio Victoriano Huerta, bajo la jefatura de Venustiano Carranza y de Álvaro Obregón, su papel fue encuadrado, aunque de forma dispersa e inconexa, en 27 artículos de la Constitución de 1917, y después, bajo el mando de los generales Joaquín Amaro y Lázaro Cárdenas, sufrió un proceso de reorganización e institucionalización, y supeditación al presidente de la república en turno.


Desde entonces, el Ejército ha jugado un papel clave para la seguridad y la paz, alejado de las ambiciones políticas, pero, por las deficiencias de nuestro diseño constitucional y del hiperpresidencialismo mexicano, de subordinación a la voluntad personal del Ejecutivo, más que a la Constitución. Ello ha llevado a nuestras Fuerzas Armadas a protagonizar episodios dolorosos y cuestionables, como en el movimiento de 1968, su participación en el combate a la guerrilla urbana y rural de los setenta. Es el caso ahora, que Felipe Calderón, en un afán de legitimarse después del fraude electoral que lo llevó a la Presidencia de la República, decidió sacar al Ejército de los cuarteles para combatir a la delincuencia organizada y al narcotráfico y ha vuelto a poner al Ejército y a la Marina en el centro de la controversia política y jurídica.

Con su decisión, Calderón utiliza al Ejército como un mero instrumento de la institución presidencial y, en su afán de militarizar el país, le confiere tareas de control policial que la Constitución no le confiere. Además, la violencia y el baño de sangre que vive nuestro país se siguen agravando. El 3 de febrero, según cifras de Público, se llegó a mil ejecutados en lo que va del año; las masacres de jóvenes en Ciudad Juárez y Torreón son muestras inequívocas del fracaso calderonista en materia de seguridad.

Además de que poner al Ejército al frente del combate al narcotráfico ha sido un fracaso, esa tarea lo ha llevado a un innegable deterioro ante la sociedad. Las cifras de ciudadanos que han presentado quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos son elocuentes y preocupantes: en 2006 se presentaron 182, 367 en 2007 y, de enero de 2008 a junio de 2009, dos mil.

Es urgente analizar, discutir y darle un nuevo ordenamiento constitucional al Ejército mexicano, para que, en lugar de estar supeditado a la voluntad unipersonal del Ejecutivo, ciña su quehacer a las normas y al orden constitucional.