6 de febrero de 2010

Ni cacería de brujas ni impunidad - Esteban Garaiz

Que se sepa, la brujería no está prohibida en México. De hecho, el artículo 24 de la Constitución dice textualmente que “todo hombre (y mujer) es libre de profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.”

La brujería no es delito; el peculado sí, y debe ser castigado. Así que no cabe aquí la pregunta fácil de los reporteros jóvenes y valientes de si habrá o no cacería de brujas.

En esta tierra bendita, al igual que en las demás de esta república, la gente ya está cansada y decepcionada de los profesionales de la política. Y más está harta de la corrupción y de la impunidad que galopan por todo el país. Las escasas excepciones, dondequiera, más parecen ridículos ejemplos de expiación, de los que la gente desconfía.

Si alguien tiene alguna duda del apoyo expreso de los ciudadanos hacia los políticos, que vea las cifras, los datos duros (como ahora se dice), del apoyo real manifestado en las pasadas elecciones en julio de 2009.

El 60 por ciento de los ciudadanos con credencial para votar consideró que no valía la pena acudir a las casillas para manifestar su apoyo soberano a nadie para ser representados en el legislativo. Del 40 por ciento restante, otros optaron por votar por Fidel, el candidato de la perrada. Muchos de los votos nulos tenían una aleccionadora leyenda en la boleta. Decían claramente “la tuya”. Lo saben quienes únicamente aceptaron contar los votos de sus vecinos.

El partido en el gobierno federal recibió el apoyo expreso de 12 por ciento de los ciudadanos en el padrón electoral. De las propuestas que, en el momento más inoportuno, ha presentado el titular del Ejecutivo Federal, ninguna hace referencia al derecho ciudadano a revocar un mandato temporalmente concedido a un mandatario, que después decepciona por su deficiente desempeño en el gobierno. El partido gobernante se ha cerrado rotundamente a ponderar la revocación de mandato.

Como referencia, y sólo como referencia, en Venezuela ya quedó incorporado en la constitución el recurso ciudadano de la revocación de mandato, y precisamente a propuesta de Hugo Chávez, al que después la oposición le aplicó el procedimiento, del que salió con mayor porcentaje de votación que en su elección; con el testimonio de observadores internacionales.

Pero Latinobarómetro aparte, del que este año 2009 registrado no surgen sino amarguras y decepciones de los ciudadanos, especialmente en México, el hecho real, contundente, es que la gente ya no cree en que la descarada corrupción se vaya a combatir. Están en la firme convicción de que la impunidad continuará a sus anchas.

Esta columna se ha propuesto, desde el inicio, dos líneas: hablar de política y no de políticos; y tener un enfoque más bien de México en el mundo. Pero hoy, y como muestra, vale la pena echar un ojo a nuestro entorno cercano: la zona metropolitana de Guadalajara.

La gente decidió en julio de 2009 que la alternancia de 1995 no había funcionado como se esperó; y que, además de que la corrupción no sólo no se redujo, sino que creció, también resultó en una mayor torpeza e incapacidad para gobernar. La gente ya está harta de la impunidad, que sigue.

Se optó por la alternancia de la alternancia. En una de las demarcaciones metropolitanas la ciudadanía optó por una administración de izquierda. La gente ya no quiere más impunidad. La corrupción debe ser combatida; no puede quedar impune; el que mata la vaca y el que le tiene la pata, el corrupto y el corruptor.

No es socialmente conveniente confundir sanción racional con revancha instintiva. Se debe disuadir. Se debe reparar, en la medida de lo posible. Hay que defender el derecho de todos.