6 de octubre de 2010

"Vivo con pasión la comparecencia de un secretario de Estado: Di Costanzo

"¡Ah! La comparecencia de un secretario de Estado con diputados es un encuentro tenso, crispado; duro. Vienen a decir lo que les viene en gana. Mienten. Sus embustes irritan; sublevan. Ocurre -en veces- que esos funcionarios cuentan con cómplices entre los legisladores. Están para atenuar. Para que no se diga. Mas se da el caso -revela el diputado Mario Di Costanzo- en que defender una línea, una postura cuesta una carretera. Escamoteo de recursos. Práctica muy perversa.

"Yo vivo con auténtica pasión este tiempo mío en San Lázaro. Desde años atrás. Cuando fui asesor en la Comisión de Hacienda de la LVII. Desde esa posición en el "perredé" aprendí a querer este espacio. Subo a la tribuna sabedor de las reacciones que aquí provocaré. El efecto de mis argumentos. Conozco el peso de las "líneas". Lo que ordenan los coordinadores.

"Así yo hablo para afuera. Para el hombre de la calle. Para que sepa. Y también para los de aquí. Colegas que a lo mejor no han visto este o aquel ángulo de una iniciativa, de un dictamen. Puede que reaccione con "ay, chirrión " mental y cavile y hasta reflexione la posibilidad de darme un voto.

"Y en la comparecencia de Horcaditas yo procuro asumir el tono el timbre el volumen que emplearía esa ama de casa, aquella oficinista, esa estudiosa. Quiero ser la voz de ese pueblo.

"Me gusta -frecuento los Bisquets de Obregón"- . Y las personas me reconocen y aprueban. O sugieren. O aconsejan. O piden más. Comensales que digan -y la gente tiene mucho que decir- hacen una suerte de barómetro. Me dicen la presión.

"Yo procedo entonces -como en el día de Horcaditas- como un cirujano que enfrenta una región inflamada. Palpa, ausculta, explora. Diagnostica y punza. Saca los líquidos viscosos dañinos.

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